Para alcanzar la meta gloriosa de la salud es necesario conocer las leyes naturales, comprenderlas y aplicarlas de manera adecuada. La sabiduría esta en la Naturaleza y no en el laboratorio. Pera ser sabio de verdad es preciso observar la obra del Creador -Vale decir la Naturaleza-, practicar sus leyes inmutables y adquirir la suficiente experiencia personal.
El laboratorio solo forma sabiduría convencional, sabios de laboratorio, que jamas poseerían la ciencia que hay detrás de la felicidad de los seres irracionales que viven con salud sin mas guía que su propio instinto.
La Salud vale mas que la vida por que esta sin aquella no vale la pena. La "Ignorancia de la Salud" es la única y verdadera causa de todas las enfermedades.
Esta obra ha tenido una extraordinaria acogida en toda América Latina, en España y Portugal a lo largos de muchos años. Su éxito se explica por el ansia de vida y salud que siente el individuo tiranizado día con día por la enfermedad crónica y por lo errores de la medicina medicamentosa y quirurgica.
La escuela ensena al niño y al joven muchos conocimientos considerados indispensables para asegurar el éxito en la vida, sin embargo, no se le ensena los medios para guiar y cuidar el delicado organismo que el Creador ha puesto a disposición de cada hombre para que cumpla con su destino moral y físico.
Si para emprender un largo, penoso, delicado y accidentado viaje le entregamos a un inexperto viajero un magnifico automóvil, sin enseñarle antes como debe manejarlo y cuidarlo para evitar futuras descomposiciones y accidentes, ni los medios necesarios para restablecer su funcionamiento normal, estaremos en que solo de milagro llegara al fin de su jornada y que esta sera un calvario que no se aliviara por muchos mecanismos que encuentre en su camino, siempre dispuestos a realizar las composturas necesarias a cambio del pago de sus servicios.
Pero esto que todos entendemos tratándose de un asunto trivial, parece olvidarse en lo que toca una cuestión tan fundamental como la vida misma dentro de lo que solemos llamar civilización.
Los padres ignorantes que son casi la totalidad, creen que para preparar a su hijo hacia la dura experiencia de la vida basta con entregarlo a sus maestros, llenos de conocimientos teóricos y artificiales. En esta forma el niño, despues de duras pruebas para adquirir conocimientos poco menos que inutiles, se lanza a la jornada de la vida poseedor de un organismo que no conoce ni sabe cuidar mucho menos reparar en caso de accidente o alteración de la salud.
Pero como que el niño o joven aprenda a evitar las dolencias cuando estas no dependen de el, sino que se consideran obra de un agente ajeno, misterioso y caprichoso como el demonio y al cual se le conoce como microbio causante de infecciones.
Si cada día estamos expuestos a ser victimas de la infección que nos asecha por todas partes, de que nos sirven los conocimientos si para combatir a ese poderoso e invisible enemigo tenemos que poseer la oculta ciencia del laboratorio reservada solo a sus sacerdotes? Solamente nos queda abandonarnos al capricho del destino y recurrir al sacerdote de la ciencia microbiana para que nos libre de la amenaza del nuevo demonio.
Estos son los errores consagrados por la civilización. No pretendemos sacar al mundo del error en que tan recojidamente parece vivir. Sin embargo, creemos hacer bien a nuestros semejantes mostrandoles lo equívocos de que hemos sido victimas y enseñando a los que sufren el camino de la liberación.
El hombre en su ignorancia, hasta a Dios hace responsable de sus desdichas, olvidando que cada quien tiene lo que merece y que el hombre es hijo de sus obras. Enfermamos no por obra o fuerza extraña, sino por nuestros propios errores de vida. La salud no se obtiene por medio de médicos y drogas, sino con nuestros actos de cada día. De aquí que la voluntad del enfermo es el primer agente de salud.
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